miércoles, 7 de abril de 2010

El virus de la imaginación


"He sido un hombre que busca, y lo soy aún. Pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí."

Demian. Hermann Hesse.

Parece que la mar tuviera hoy un velo blanco cubriéndola.

Y en la noche se desplaza el barco silencioso y corta esa niebla como si navegara sobre una desorbitada salina cuajada de cristales suaves y microscópicos.

Y la mente, que no para de estar alerta, juega con los alrededores regalando los colores y matices que se le antoja…


Todo empieza con un gesto, una leve brisa que surja tras una esquina, que arremoline papeles juguetones, o con cualquier sombra que oscile desde la rama de un árbol y se asome al borde de la imaginación. Como un demonio que posee, así llega la musa, y susurra, musita al aedo las palabras que luego se transformarán en letras. Y como si de un embarazo se tratara, la semilla de la locura se inserta sin pedir permiso entre las sienes de aquel que vislumbra vientos y siente vertical lo horizontal, aquel que vuelca verdades sobre la sartén del mundo conocido y las voltea para darle forma.


Y como si de un vendaval se tratara, ciertas formas aparecen en lontananza, acaparando minutos y segundos, horas y días completos para hacerse un hueco en la ya palpable realidad que hierve en un ente naciente, reclamando presencias, exigiendo espacios y sombras, que no saben de más impiedades ni bondades que aquellas que se le inyectan, ni de más miradas ni formalidades que las que la pantalla y el teclado les dejan ver. Todo un mundo es capaz de abrirse en este espacio blanco que se llena de realidades ocultas y sordas, de sensaciones sólo halladas en la cabeza del escritor, de la locura de vivir más vidas que la presente resumidas en la creación de algo que se escapa de las manos, que respira, que solicita, que suscita, que hace llorar, que ya vive en la mente de alguien que ordena el puzzle de sus caprichosas piezas y que, tarde o temprano, tomará miles de formas en otras manos lectoras.


Y así, el escenario de una vida se torna en cien vidas, en cien emociones, y las calles toman olores que antes pasaban inadvertidos. Y las esquinas solitarias se llenan de conversaciones, de miradas de amantes y traidores, de carreras y paseos por épocas y por historias. Y muy despacio, el juego con la realidad se hace visible y patente. Una especie de virus por el cual es imposible dejar de imaginar que tras este aparente mundo de Oz existen mil magos que esculpen formas detrás de la cortina.


Y cuando todo ese mundo sale al exterior en forma de cuento, relato o novela, tan sólo queda nostalgia, recuerdo de gente conocida, pensamientos que alguna vez se acercaron a aquello que se imaginó y que a partir de entonces pasó a formar parte del itinerario de verdades que uno toma como idea inteligible.


Ojalá la imaginación fuera un virus fácil de contagiar.

Ojalá, algún día, se extendiera como una pandemia por cada rincón del mundo.





miércoles, 3 de marzo de 2010

El Asedio






“…Porque es bueno que algo siga inmutable en alguna parte mientras la gente precise trazar rumbos sobre una carta náutica o sobre el difuso paisaje de una vida.”

Arturo Pérez-Reverte

La carta esférica





Como ya saben, hay temporal.

La mar se enciende por el horizonte y los barcos y las personas nos guarecemos del eterno baile de mareas en puertos seguros.

Hoy estoy atracado en uno de esos puertos añejos, de murallas circundantes que sufrieron batallas y asedios…



Desde este navío en el que vivo, en el que duermo y mido el mundo, voy a lanzar un mensaje. Pero no en una botella que la corriente se lleve a cualquier playa, sino a los cuatro vientos para que todo navegante sepa lo mucho que admiro a un combatiente.


Veinte años estuvo Ulises fuera de su hogar, de su Ítaca querida, luchando por la vida en la toma de Ilión, mareado por ninfas y dioses caprichosos en el anchuroso ponto hasta que al fin regresó. Y del guerrero al que me refiero, puedo decir que superó a aquel navegante griego en un año de batallas. Veintiún años nada más y nada menos de reportero de guerra. La soledad, el horror, la tristeza, la rabia… Miles de sensaciones que se grabaron en su mente para luego dedicarnos ese regalo que son sus libros, sus novelas. Una lucidez en sus mensajes que da vértigo. Una madurez y sensatez que escapa a toda duda… Una elocuencia que acalla bocas necias, que abre otras mientras habla y que sabe mirar con ojos de lejanía…


Por eso fue él quien me enseñó a leer.

Y no me refiero a la suerte de enlazar sílabas en órdenes correctos, sino al hecho de observar y comprender, de ver fondo y no sólo superficie, a contemplar la vida desde el lado del enigma y la aventura, a la lúcida sensación de poder medir el mundo que me rodea según unos parámetros y unos valores, a poder analizar y ver la profundidad de lo que tengo delante, ya sea de papel y cartón o de ese elemento invisible del que está hecho el cosmos que llevamos en nuestro interior y que, irremediablemente, tiene que interactuar con el exterior.



Por eso le doy la enhorabuena y le doy las gracias por

toda su obra... Gracias con mayúsculas.




Gracias, Arturo Pérez.Reverte, por navegar y por continuar

trazando rumbos a seguir.



Gracias por volver a tenderme una tabla en este mar

de temporales.







lunes, 1 de febrero de 2010

BAILE DE MÁSCARAS





Hoy la mar está en calma...

No hay viento que la rice, ni soplo alguno que se atreva a romper el equilibrio que se cierne sobre su superficie de éter inmortal. El barco navega despacio, cortando su proa lonchas de agua plomiza… Por tanto tengo unos segundos para apartar mi atención del timón, apresada la rueda en rumbo seguro sin abatimiento alguno… A no ser que el levante esté disfrazado, y mi navío acabe varado en alguna costa antojada por el carnaval de las mareas…

Son muchas las historias que se cuentan acerca del carnaval.

Desde fiestas paganas recogidas en la Biblia, en las que se ofrecía carne al dios Baal entre cánticos y danzas (carne a Baal), pasando por los carros navales romanos (carrus navalis) en los se le daba la bienvenida a Baco, portador de la primavera, en un suntuoso navío, hasta periodos cristianos del medievo en los que por cuaresma se prohibía comer carne (carne levare)…

Teorías, etimologías, nombres inciertos, pegatinas y etiquetas… Da lo mismo.

Nos encanta buscar esquemas, estructuras, secuencias… Analizar nuestra especie y buscar los porqués, respuestas que están insertadas en nuestros genes, o que el tiempo y la vida nos han grabado a base de años y meses, de hojas caídas que vuelan por cada invierno... Teorías que la antropología cultural trata de definir como si fuéramos máquinas en las que se pueda leer nuestro comportamiento, nuestro sistema operativo, localizar los errores y formatear… Solo que nosotros no tenemos esa opción de formateo…

O quizás sí…

Quizás aceptemos de forma tácita que sea el carnaval una buena oportunidad para ese descanso de nuestro envoltorio racional… Presas durante toda la vida de nuestro cuerpo sumergido en apariencias, nuestra alma se libera esas noches que rozan el paganismo y el ritual ancestral… Máscaras y disfraces lo confunden todo, nos hacen anónimos, inmunes, capaces de sacar aquel yo que desde la conciencia más profunda le arrebata a la razón su soberanía. Un relámpago de descontrol que todos, absolutamente todos, ansiamos en alguna ocasión y que la sociedad en la que estamos inmersos y el sentido común, vetan para mantener a raya la locura, el descontrol, la anarquía…Y si aún lo duda, sea sincero y pregúntese qué haría en caso de tener la oportunidad de desprenderse de su corpórea limitación, de ser invisible…

Ahora me voy…

Vuelvo a cubierta, no sea que este navío se adentre en un mar de disfraces que me atrape, un baile de máscaras que descontrole el compás y no encuentre demoras para trazar el rumbo de vuelta al mar de la cordura…




( Me gustaría dedicar este artículo a un carnavalero habitante de Erytheia. )
A Diego Martínez Ramos, gracias.



sábado, 2 de enero de 2010

LA CUERDA DEL RELOJ




“Ay tacita, doncellita de los mares,

lo que tú guardas tan sólo dios lo sabe…”

(Antonio Martínez Ares)



Ventolina… Tres nudos. La mar empieza a rizarse, según Beaufort. El barco se escora levemente a estribor al izar la mayor.


De la roda al codaste este navío danza por aguas milenarias. Aguas que han visto pasear por la historia a miles de personas que también creían, como nosotros, que vivían en el presente. Un presente que se abre paso desde el horizonte del pasado para crear este espacio por el cual nos movemos y que, sin dudarlo y de forma algo rápida, afirmamos que siempre fue así. Nuestra soberbia nos hace pensar que somos los responsables últimos y únicos de lo que acontece en este páramo en el cual vemos cómo se despereza esa niña que conforma nuestra historia. Que somos nosotros los que damos cuerda al reloj de nuestra propia existencia como especie.


Sin embargo, de diversas formas, a veces fortuita, y en otras ocasiones quizás provocadas por milenarios alientos, salen a este tiempo restos de un pasado que nos recuerda que nuestra existencia no es exclusiva…. No hemos sido los únicos en estremecernos ante los brazos de nuestros amados, ni los únicos en invocar a los dioses… No hemos sido los únicos en creer que vivíamos en la más avanzada de las civilizaciones, ni los únicos que nos daremos cuenta del error que suponen esas palabras.


Basta acercarse a cualquier yacimiento arqueológico, pasear nuestra mirada por los añejos sillares de la iglesia de nuestro pueblo, mirar a la mar milenaria que sonríe, o barajar la posibilidad de que la luna no acaba de inventar su trayectoria de vaivenes diarios, para obtener una dosis de esa humildad perdida por nuestra especie, y darnos cuenta de lo efímero que resulta ese sentimiento de actualidad…


En cualquier lugar, en el subsuelo que nuestros pies pisan en este preciso momento, se puede esconder el legado de otro tiempo. Un aviso a los navegantes del peligro… Unos restos que nos recuerdan que este planeta, esta tierra por la cual batallamos y morimos, en la que tanta sangre se ha derramado, por la que tantos temporales han paseado su esencia y bamboleado mil vidas, sonríe al ver como desfilan por su lomo millones de sonrisas y de lágrimas, de suspiros y emociones, de miradas e ilusiones…


Quizás algún día sepamos quién maneja los títeres, quién le da cuerda al reloj y lo para en este segundo que es nuestra vida, quién se esconde detrás de la cortina en este país de Oz…


Mientras tanto apretemos bien la caña del timón, atentos en la cofa, despiertos como el mascarón de proa… Rumbo al viento, rumbo a la vida…




martes, 1 de diciembre de 2009

"...POR OCÉANOS Y BIBLIOTECAS"


A las puertas del Museo Naval de Madrid, buscando a Tánger Soto...




" HE NAVEGADO POR OCÉANOS Y BIBLIOTECAS" (Herman Melville. Moby Dick)



El levante vuelve a soplar y me dicta palabras... Aquí os dejo algo que me susurró...


Hace unos días estuve en mitad del mar, en plena oscuridad, con las luces de faros y boyas que me ayudaban a señalar demoras en la carta. Todo a mi alrededor era una balsa negra que lamía lentamente las amuras, casi sin estrellas y con un tímido trozo de luna que se asomaba entre nubes de ceniza.


Fue entonces cuando me dí cuenta de que el mundo en el que me movía era hostil. Que el peligro estaba en cada punto de la derrota por la que el barco avanzaba. Sin embargo, no estaba solo. Mi conciencia estaba acompañada, alimentada por un ejército que me ayudaba a interpretar mi alrededor de una forma diferente a la llana realidad… Un universo que a bordo de aquel barco me hizo pensar en un Ulises regresando a Ítaca, en un marinero que observa la demencia del capitán Ahab, en cientos de desafortunados que intentaban, allá por Trafalgar, aferrarse a una jarcia que se perdía en el abismo, en un marino que traspasa líneas de sombra, en una singladura junto a Aubrey y Maturin, en una vieja canción en la Taberna del Almirante Benbow, en descifrar latitudes secretas en Cartas Esféricas… Y fue entonces cuando les di las gracias a todos aquellos autores que con sus palabras, sus libros inmortales, han interpretado el mar y la tierra a su manera, transformando sus narraciones en enfilaciones seguras a seguir por los navegantes en un mundo que ofrece tanto peligro como el más negro de los mares.


Gracias a todo aquel que alguna vez se asomó a la orilla de un papel en blanco y con su imaginación otorgó nombre a las sensaciones, describió paisajes indescriptibles y bautizó personajes con nombres que son referencias, rumbos seguros en un compás que gira y gira… Ideales que nos acompañan en forma de verso, de párrafo, de canción o melodía dándole los rumbos al timonel...


Allí, en mitad del mar, les dí las gracias a todos ellos por acompañarme…






lunes, 9 de noviembre de 2009

LAS AGUAS DEL TIEMPO


El levante entra suave, despacio y sutil...
El navío se estremece ante su brisa en esta mi primera navegación...
Os presento...

LAS AGUAS DEL TIEMPO




Las cenizas de un dios… Un templo de leyenda perdido entre las arenas y las aguas milenarias…

En la actualidad, una joven historiadora se verá envuelta en una vorágine de acontecimientos que pondrán a prueba su fortaleza como ser humano. Los recuerdos de su pasado le darán aliento en una desesperada búsqueda que la llevará desde la Gadir fenicia hasta la Barcelona gótica, desde Aníbal o Julio César hasta la costa andaluza del siglo XVIII. Arrastrada por los hilos invisibles del dios Melkart, entre persecuciones de traficantes, éxodos masivos de pueblos que huyen ante las imágenes apocalípticas que comienzan a producirse, cataclismos ancestrales que acechan desde la antigüedad, espectros del pasado que surgen del mar y la niebla…

Todo un puzzle de acción trepidante que funde historia y mitología más vivas que nunca en Las Aguas del Tiempo…



Aquí os dejo un pequeño fragmento y unas fotos del día de la presentación en la Sala de la Asociación de la Prensa de Cádiz, acompañado de mi padrino, el escritor Francisco Javier Castro MIranda, un gigante de las letras cuya obra os recomiendo (Al-Sanam, la caída del ídolo, Los diablos del mar. La odisea de la Burla Negra y El Ritual, proyecto UR-21) y al que estoy eternamente agradecido. De la misma forma quiero mandar un agradecimiento a todas las personas que de alguna forma han contribuido a la realización de la novela, a los organismos oficiales como Archivos Históricos y Bibliotecas, al genial equipo de Ediciones Absalon destacando a mi editor Jesús Lebrero y a las personas que me animaron a zarpar, en especial a mi mujer Cristina, y a mi hermana pequeña Ana Belén. Abajo os dejo el enlace de la entrevista en el programa Baluarte de Culturas, de Onda Cádiz.




“Vivimos en una costa de leyenda… La de los colonizadores púrpura y las corrientes secretas, la del fin del mundo conocido... La de los carros navales y las bailarinas de carne trémula. De culturas ancestrales y batallas encerradas en arrecifes. De riquezas y ruinas, de navíos y navegantes, de ciudades amuralladas entre el esplendor y el olvido… Una costa llena de luz que le da nombre… De escolleras que sonríen a los poetas, de poetas y amantes que regalan versos al sol poniente… Una costa que mira al mar con amor y con odio, con respeto y pasión... La de las almadrabas y bateles sangrantes, de pícaros y duques, de pesqueros danzantes…”




Junto al escritor Francisco Javier Castro Miranda justo antes de la presentación.



LAS AGUAS DEL TIEMPO está a la venta en librerías, en el Corte Inglés y en la página de la editorial: http://www.edicionesabsalon.com/


Pinchad aquí para ver la entrevista en Baluarte de Culturas, de Onda Cádiz, a partir del minuto 12...


http://www.ondacadiz.es/programas.php?id=9&id_cap=1457&pagina=1